martes, 9 de diciembre de 2014

Diferenciando conceptos

Después de la gran charla sobre las industrias culturales y las industrias creativas dada por Gerardo Ojeda en clase hemos estando viendo diferencias entre ambos conceptos. 


Las industrias culturales, Theodor Adorno y Max Horkheimer son los que desarrollaron este concepto entre 1942 y 1947. Son las industrias que combinan la creación, la producción y la comercialización de los contenidos creativos que sean intangibles y de la naturaleza propia de la cultura en la que nos encontramos. Tienen dos características fundamentales que son la significativa inversión de los capitales y la división del trabajo propio de toda la industrialización. Todo este proceso comenzó en la segunda mitad del siglo XIX con aportaciones de invenciones técnicas. Los contenidos de dicha industria suelen estar protegidos por copyright por lo que estos pueden tomar forma y llegar a ser un bien o un servicio para las personas. Son incluidos, por lo general, en este tipo de industria la multimedia, lo audiovisual, la editorial, lo fonográfico, las producciones, cinematografías, la artesanía y el diseño.
Estas industrias se suelen diferencias de otras por la importancia de su trabajo con la materia prima, tiene un valor muy pegado a la personalidad de sus creadores, el requerimiento de valorar lo simbólico en económico, alto riesgo de valorización y la necesidad de renovación constante, la estructura económica que tienen en particular y su presencia es intensiva.

Por otro lado, están las industrias creativas que estas son un conjunto amplio de actividades que se incluye a la industria cultural más toda la producción artística o cultural, ya puedan ser unos espectáculos o bienes producidos individualmente. Es la industria en la que es producto o el servicio contiene un elemento artístico o creativo sustancial e incluye sectores como la arquitectura y la publicidad.
Estas industrias se proponen como aquellos sectores de actividad organizada que tienen como objeto principal la producción o la reproducción, la promoción, la difusión, y la comercialización de bienes, servicios y actividades de contenido cultural, artístico o patrimonial.


Tienen una relación entre el uso principal del producto y la organización productiva que subyace a él. 


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